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El drama y el miedo de enterrar a las víctimas de ébola

El segundo mayor brote de la historia se propagó de RD Congo a Uganda. Desconfianza y hostilidad se combinan.

Viernes 14 de Junio de 2019

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La furgoneta con el ataúd de la víctima del ébola finalmente llegó. Los familiares de la mujer se sintieron aliviados. Pero un pequeño grupo de jóvenes protestaba entre dientes con enojo.

Observaron cómo el equipo de enterramiento se colocaba cuidadosamente los trajes de protección, con ganas de iniciar una pelea. Tomaron la soga que se iba a utilizar para introducir el cajón en la tumba y la usaron como barrera para impedir el avance de la furgoneta. Uno empuñó un palo. 

 

“No se van de acá si no entierran el ataúd y llenan todo de tierra”, dijo este, temeroso de contagiarse.

El segundo mayor brote de ébola de la historia se propagó esta semana del este de RD Congo a Uganda, y el enfrentamiento mientras se enterraba a la primera víctima a última hora del jueves fue una muestra de la resistencia de la comunidad que los equipos sanitarios enfrentan desde hace meses en la cercana frontera.

 

Más de 1.400 personas han muerto desde que se declaró el brote en agosto, y la respuesta se ha visto obstaculizada por la desinformación y el temor en una región que nunca antes se había enfrentado al ébola. Los trabajadores sanitarios ugandeses desde hacía mucho se habían preparado para organizar una respuesta a gran escala si el virus lograba entrar pese a los chequeos médicos que se practicaban en los puestos de frontera. Esta semana, lo hizo.

 

Una familia expuesta al ébola mientras estaba de viaje en RD Congo volvió a casa por un sendero no vigilado. Algunos miembros ya mostraban síntomas. Para cuando las autoridades ugandesas que habían sido alertadas por sus colegas congoleños los encontraron, un nene de 5 años estaba vomitando sangre. Fue el primero en morir.

Su abuela de 50 años, identificada por un familiar como Agnes Mbambu, fue la siguiente. Cuando ya sangraba, fue directo a un hospital local al volver a Uganda, dijeron familiares y funcionarios de salud. El jueves a la mañana, los funcionarios ugandeses confirmaron su muerte.

 

Su entierro llevó todo el día y parte de la noche en tanto los trabajadores sanitarios reunían los medios para llevarlo a cabo de manera segura. El ébola puede propagarse rápidamente a través del contacto estrecho con los fluidos corporales de los infectados. La necesidad de entierros seguros choca con la costumbre tradicional de lavar y vestir el cuerpo de los seres queridos. En RD Congo, eso ha causado problemas.

Sin embargo, el jueves en el pueblo de Karambi, las tensiones surgieron por la espera. Hombres apesadumbrados estaban sentados en sillas de madera en el recinto de un familiar. Cinco mujeres, plañideras profesionales, descansaban sobre el pasto. Pero al llegar el crepúsculo, no había señales del equipo de enterramiento, aun cuando las autoridades ugandesas horas antes habían emitido un comunicado para decir que la mujer ya estaba enterrada. La idea de un funeral nocturno les resultaba escandalosa.

 

“Esto no está bien”, dijo el hermano de la víctima, Gaspari Kinyama, que vigilaba el lugar del entierro parado entre unos cafetos. “Al menos la van a enterrar entre su gente. Tiene ese derecho”.

A las 19:30 llegó el cortejo fúnebre. Las tensiones aumentaron mientras el equipo de enterramiento se colocaba los trajes de protección a la luz de los faros del vehículo. Cuando el jefe del equipo no se comprometió a cubrir el cajón con tierra en la medida que pretendían los jóvenes –no estaba claro por qué-, el enfrentamiento casi termina en violencia.

 

Las autoridades ugandesas ahora están tratando de evitar que el ébola se propague rastreando a todos los que tuvieron contacto con la familia infectada. Se ha identificado a 98 personas como mínimo, informó la oficina ugandesa de la Organización Mundial de la Salud.

La participación de la comunidad es clave y los próximos días pondrán a prueba la capacidad de Uganda para contener el virus en una zona que es un hervidero de sentimientos de rechazo al gobierno. En Kasese, la ciudad más cercana al brote, hay tensión desde que el gobierno central encarceló a un líder tradicional popular a fines de 2016, acusándolo que intentar formar una república independiente.

Días atrás, la madre del líder murió. Se prevé que su funeral tendrá lugar este fin de semana. Ahora el gobierno dice que restringirá las reuniones públicas para contener el ébola, lo que podría indignar a quienes querían congregarse y llorar al muerto.

 

Si bien Uganda ha enfrentado múltiples brotes de ébola en el pasado, esta es la primera vez que esta zona montañosa experimenta el virus. Eso se repite al otro lado de la frontera, en el este de RD Congo, donde algunos habitantes temerosos atacaron o huyeron de los trabajadores sanitarios.

Aquí también algunas personas desconfían de ellos.

El entierro de Mbambu, la segunda víctima ugandesa del ébola, originalmente iba a tener lugar a unos 20 kilómetros de distancia, cerca de la tumba de su padre. Pero la comunidad local la rechazó, dijo Rhoda Katsumbiro, habitante del pueblo donde ahora descansa su ataúd.

“Los miembros de la familia pensaban que se verían afectados”, dijo Latsumbiro. “Estaban asustados. Tuvimos que traerla aquí”.

Fuente: AP

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