Sociedad

Norma Morandini: “No hay superioridad moral por haber tenido familiares desaparecidos”

La periodista y escritora, ya afuera el Congreso, dijo que a la Argentina “volvió un pensamiento autoritario”, se refirió a las últimas expresiones de Taty Almeida, al comunicado del INADI contra Miguel Ángel Pichetto.

Domingo 26 de Enero de 2020

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Norma Morandini acaba de dejar el Congreso de la Nación, donde pasó los últimos 14 años de su vida. Ingresó como diputada, luego fue senadora y más tarde, durante el gobierno de Mauricio Macri, se desempeñó como titular del Observatorio de Derechos Humanos del Senado. Después de un mes en silencio y con cierto alivio por haber abandonado la actividad política, la periodista y escritora recibe a Infobae en su departamento de Palermo el viernes por la mañana. Recién llegada de Córdoba, la ciudad donde nació, se prepara para encarar una nueva etapa que no sabe, en detalle, en qué consistirá. Lo que sí tiene en claro es que quiere seguir leyendo, pensando y escribiendo. “Seguiré predicando como una pastora”, dice y se ríe.

A Morandini le obsesiona la consolidación de la democracia argentina. Así se refleja tanto en su autobiografía De la culpa al perdón como en La mala bestia, el libro que escribió a partir de su experiencia en el Parlamento. También en el primer discurso que ofreció como diputada y en el resto de sus declaraciones públicas. Es, entonces, una gran obsesión. Durante la última dictadura perdió a sus dos hermanos, Néstor y Cristina. Faltaban varias décadas para que supiera la verdad, que los militares los habían arrojado al mar, y para que llegaran a la Casa Rosada dos presidentes con sus mismos nombres de pila.

Hoy está convencida de que en la Argentina habita un pensamiento autoritario y rechaza con vehemencia expresiones como las de Taty Almeida, quien sostuvo semanas atrás que la Casa de Gobierno estuvo tomada durante el macrismo. Condena también la discusión en torno al número de víctimas del terrorismo de Estado y la denominación “dictadura cívico-militar”. Cree, además, que el repudio del INADI a las declaraciones de Miguel Ángel Pichetto configura un comportamiento antidemocrático. Pero, sobre todo, lamenta que aún no exista en el país un consenso en torno a lo ocurrido en sus años más oscuros.

—¿Cómo está viendo el inicio del gobierno de Alberto Fernández?

—El país está tan dominado por el tema económico, solo habla de economía, solo habla de finanzas, solo habla de cifras, y me parece que el tema cultural democrático está postergado. A mí me preocupa que de nuevo se confunde gobierno con Estado, que de nuevo uno tenga que decir que los medios públicos son públicos, no de gobiernos. Me duele que se confunda discriminación con delito de opinión. En democracia todos tenemos derecho a opinar. Pensar de derecha no es delito como pensar de izquierda no es delito, y esto es lo que pagó nuestro país en la época de la dictadura. Es decir, no hablemos de los que cometieron delitos. Pero en esa época pensar de izquierda te significaba la vida, el exilio y demás. La democracia es lo que viene a corregir eso, entonces a mí me duele y me da tristeza ver cómo se va configurando un relato.

—Usted hace años que insiste en señalar una falta de reconciliación desde que se recuperó la democracia.

—Lo que hizo la dictadura es violar la democracia, la convivencia, el respeto que nos tenemos que tener, porque pensar diferente no tiene ninguna importancia, lo que tiene importancia es cuánto nos respetamos en esa diferencia. Entonces dicen: “No, este es un gobierno de coalición y hay pensamiento diferente”. Pensamiento diferente entre ellos. Mi preocupación siempre ha sido la misma, que consolidemos democracia, que podamos tener una convivencia de respeto pacífica, porque si no sigue siendo la muerte las que nos va poniendo los temas en la plaza pública.

—Taty Almeida dijo que la Casa Rosada estuvo tomada durante los últimos cuatro años. ¿Qué piensa sobre esta declaración?

—Es un desprecio enorme a la ciudadanía que ha votado a un presidente. Hay que respetar a este gobierno porque ha surgido de las urnas, pero también tenemos que tener convicción democrática para que nos respeten. ¿Cómo vas a confundir a un gobierno salido de las urnas con un gobierno de dictadura? Y por eso dentro de esa concepción has ocupado la Casa de Gobierno. Y convertís una ideología en delito, cuando en democracia el derecho que nos asiste es pensar libremente. No se puede invocar los derechos humanos e ignorar que el corazón de los derechos humanos es la libertad del pensamiento, que tenemos derecho a decir, que tenemos derecho a pensar sin que nos persigan. Entonces a mí me preocupa que vuelve un pensamiento que es un pensamiento autoritario. Porque si no me respetás el derecho que yo tengo a pensar de diferente manera es que pensás que porque invocás los pobres, los derechos humanos, las víctimas, entonces tenés una superioridad moral y sobre esa superioridad moral no me decís, sino que me imponés. Yo respeto el dolor, yo no hablo de las Madres de la Plaza de Mayo, hablo de las madres del pañuelo blanco, porque mi madre está incluida y sé cómo ella fundó, buscó a sus hijos, hizo todo lo que tenemos que respetar. Es conmovedor lo que han hecho las Madres, que empezaron a construir un camino de verdad y justicia, pero la verdad tiene que ser para todos. No hay superioridad moral por haber tenido desaparecidos.

—¿Y por qué cree que existen estas diferencias entre gente que padeció el mismo dolor?

—Yo me lo pregunto todo el tiempo, no creas que tengo una respuesta. Es decir, ¿cómo puede ser que aquellos que fueron perseguidos persigan? La democracia ha postergado una auténtica educación de convivencia, de respeto. Los derechos humanos primero sirvieron para denunciar las violaciones, el terrorismo de Estado, lo que significó la dictadura. Pero en democracia no han anunciado qué son los derechos, que son universales.

—¿Entonces es un error que arrastramos desde el 83?

—Yo creo que hay que irse más atrás. Hay algo que diferencia la dictadura en la Argentina: que todo fue oculto, todo fue clandestino. Esa perversión de que secuestrabas, desaparecías, escondías el cadáver para decir que no hubo delito. No se puede tergiversar la historia y decir que pasó lo que no pasó. Tenemos que entender por qué nos pasó. Cuando llegó Kirchner hubo Madres que salieron de la plaza para entrar al palacio. Y estaba bien que ellas entraran y fueran homenajeadas, pero en nombre de todos los argentinos, no en nombre de un gobierno y para hacer propagada un gobierno. Una de las condiciones de las Madres era no ser partidarias, porque ellas no preguntaban sos peronista, sos radical, sos socialista, eran madres que buscaban a sus hijos. En cambio, hoy pareciera ser que derechos tenés si insultás a la dictadura, invocás la pobreza, invocás los derechos humanos, y el resto parece que no. El único sentido que tiene la memoria colectiva es que el país no se vuelva a descarriar. Yo desconfío de los que gritan y de los que insultan. Porque los que han sufrido de verdad hacen silencio personal, hacen silencio para no lastimar a sus familias. Entonces yo lo que veo ahora es una memoria ideologizada. Hemos pasado a debatir cosas que eran un absurdo, debatir sobre el número de los desaparecidos cuando todo fue clandestino. ¿Cómo vamos a pedir certezas con cosas que fueron ocultas? Yo cuando fui corresponsal del diario Globo de Brasil para hacer el juicio siempre hablaba de 9.000 desaparecidos y eso era lo que decíamos en el inicio de la democracia. Ahora hasta hay una imposición, hay que decir dictadura cívico-militar. Es un contrasentido, lo cívico son derechos ciudadanos. Entonces una dictadura militar, que por supuesto tuvo anuencia de importantes grupos de la sociedad civil, tuvo anuencia de la Iglesia, tuvo anuencia de los empresarios, tuvo anuencia de las empresas de la prensa. Pero bueno, esas son cosas en las que uno podría debatir para entender qué nos pasó para evitar que nos vuelva a pasar. Por eso yo soy sensible y estoy tan atenta a los discursos antidemocráticos.

 

 

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