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La odisea de protestar contra Putin en Rusia: qué reclaman los manifestantes que desafían la represión

Entre la resignación y el temor a las represalias, convocar una movilización parece una misión imposible.

Sábado 17 de Agosto de 2019

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Entre la resignación y el temor a las represalias, convocar una movilización parece una misión imposible. Pero, desde hace varias semanas, miles de personas se concentran todos los sábados en el centro de Moscú para rechazar la decisión del Kremlin de prohibir casi cualquier tipo de disidencia.

Era el quinto fin de semana consecutivo de protestas pacíficas y la represión policial, que incluía garrotazos y arrestos indiscriminados, venía en aumento. Sin embargo, la del pasado sábado fue la más multitudinaria de todas. Al menos 50.000 personas concurrieron al centro de Moscú, en la que se considera la mayor manifestación de los últimos ocho años.

El movimiento había comenzado con una pequeña marcha el 14 de julio. No fueron más de 2.000 los asistentes, entre ellos, dirigentes opositores que aspiraban a competir en las elecciones legislativas locales del próximo 8 de septiembre. Todos habían presentado sus postulaciones como candidatos independientes, pero la Comisión Electoral de Moscú les notificó que no iban a poder participar, a pesar de cumplir con los requisitos. Por eso, la sede del organismo fue el lugar elegido para expresar el reclamo.

El fenómeno creció de la mano del activismo de los políticos excluidos arbitrariamente, lo cual posibilitó que el tema se instalara entre los segmentos más informados de la sociedad civil moscovita. No les costó mucho presentar la decisión oficial como un nuevo avance sobre los muy exiguos espacios de participación política que hay en el país.

El sábado 20 de julio ascendió a más de 10.000 el número de asistentes a la manifestación. Alexei Navalny, la principal figura opositora a nivel nacional, realizó a una fuerte convocatoria en los días siguientes. A partir de ese momento, empezaron a intervenir con más intensidad las fuerzas de seguridad.

"Tienen miedo de perder el poder. La mera aparición de diputados independientes, al menos en Moscú, se percibe como una amenaza, como el posible comienzo de un efecto dominó. El régimen esperaba que la represión, o mejor dicho, las amenazas de represión, pudieran indicar a los moscovitas que no debían expresar abiertamente su estado de ánimo de protesta", dijo a Infobae Vladimir Gel'man, profesor de ciencia política de la Universidad Europea de San Petersburgo.

Navalny fue arrestado el 24 de julio por un lapso de 30 días, por organizar una protesta sin autorización. Las autoridades confiaban en que eso iba a desinflar la marcha pautada para el sábado 27, pero terminaron yendo 20.000 personas. Fue la jornada más represiva. La Policía detuvo a más de 1.000 manifestantes y dejó a varios heridos.

El líder opositor fue internado el domingo siguiente por lo que parecía una fuerte reacción alérgica. Pero su médica personal denunció que había sido intoxicado con una sustancia química no identificada mientras estaba en prisión, lo que tensó aún más el clima social.

Al mismo tiempo, se conocieron varios testimonios del abuso policial. Egor Zhukov, un estudiante de ciencia política, fue acusado de "disturbios masivos", cargo que acarrea una pena de hasta ocho años de prisión, por hacer un gesto a los agentes de seguridad. Además, una pareja fue acusada de "poner en peligro la seguridad física y mental de un niño", por llevar a su hijo a la manifestación del 27, que habría sido totalmente pacífica, de no ser por la represión.

La reacción social ante la prohibición de las candidaturas en un primer momento, y ante lo desmedido del accionar policial posterior, llevó a la multitudinaria manifestación del sábado pasado. Para desviar la atención, Putin se mostró en Crimea, a bordo de una imponente moto Ural. Concurrió junto a Alexander El Cirujano Zaldostánov, líder los "Lobos de la Noche", un club de motociclistas con antecedentes bastante oscuros. Más allá de los esfuerzos por minimizar la crisis, cuesta creer que al presidente no lo inquieta ni un poco el auge de este movimiento.

"Como en la mayoría de las protestas, hay múltiples razones que subyacen. Más allá de la cuestión específica del acceso de los candidatos independientes a las urnas, hay una creciente sensación entre algunas personas de las grandes ciudades, en particular entre los jóvenes, de que la administración Putin no representa el futuro abierto y democrático al que muchos aspiran. Hay poca evidencia de que se trate de un sentimiento nacional amplio, pero ciertamente es algo fuerte entre los manifestantes. También hay quejas económicas reales detrás de este descontento, porque la economía ha estado estancada durante la mayor parte de la última década y los salarios reales cayeron durante años. Parte de la participación se debe también a la repugnancia ante la violencia utilizada por las autoridades en las protestas anteriores", explicó Graeme Robertson, profesor del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, consultado por Infobae.

¿Comicios intrascendentes?

Los ánimos ya venían caldeados en Rusia por lo que muchos ven como un evidente recrudecimiento del autoritarismo. El antecedente más claro se produjo a principios de junio, con el arresto del periodista Ivan Golunov, falsamente acusado de tráfico de drogas.

Golunov había publicado una serie de artículos sobre escándalos de corrupción que implicaban directamente a funcionarios de la Alcaldía de Moscú. La imputación en su contra era tan absurda que los opositores y los medios de comunicación —que no se destacan por su independencia— denunciaron el avasallamiento de inmediato. Los fiscales tuvieron que retirar los cargos y liberarlo una semana después ante la falta de cualquier tipo de prueba.

"El principal motivo de las protestas es una profunda insatisfacción con el régimen autoritario. Este sentimiento crece en todo el país, pero es más fuerte en Moscú, la ciudad más educada y ambiciosa de Rusia, que es también relativamente rica. Los pretextos para la protesta fueron locales y minúsculos, pero sus razones reales son amplias, serias y persistentes. La anterior ola de movilizaciones había tenido lugar en 2012, pero ahora los riesgos son mayores y la gente está enfurecida por la crueldad sin sentido de la Policía. En política, la violencia no puede ser la única respuesta", sostuvo Alexander Etkind, profesor del Departamento de Historia y Civilización del Instituto Universitario Europeo de Florencia, en diálogo con Infobae.

En ese contexto comenzó el debate sobre las candidaturas para renovar las 45 bancas que componen la Legislatura de Moscú en las elecciones del 8 de septiembre. Se presentaron muchos más candidatos independientes de lo habitual porque Rusia Unida, el partido oficialista, está tan manchado que varios de sus integrantes prefirieron ir por fuera de su estructura para sortear el descrédito.

Tienen miedo de perder el poder. La mera aparición de diputados independientes, al menos en Moscú, se percibe como una amenaza, como el posible comienzo de un efecto dominó.

Lo que causó tanta indignación fue que los cerca de 30 postulantes que fueron rechazados por la Comisión Electoral eran opositores —muchos vinculados a Navalny—, cuando todos los que pertenecían al oficialismo habían sido admitidos. El sistema electoral es muy restrictivo y establece una serie de trámites engorrosos para inscribir una candidatura independiente, entre otros, conseguir un gran número de adhesiones de ciudadanos. A pesar de que muchos de los disidentes habían cumplido con los requisitos, se les impidió presentarse en los comicios con el argumento de que supuestamente algunas de las firmas no eran válidas.

"Muchos manifestantes ven esto no sólo como un intento transparente de manipular las elecciones, sino también como un insulto personal: muchas personas apoyaron a los candidatos con sus firmas y ahora se les dice que no existen. Hay protestas similares en otras regiones, pero las de Moscú son mucho mayores. Es la ciudad más grande y sus habitantes se encuentran entre los más críticos del régimen de Putin, lo que significa que los manifestantes tienden a recibir mayor apoyo de su entorno social, que incluye abogados y ONGs que ayudan a los detenidos. Además, algunos de los candidatos de Moscú tienen un perfil público particularmente fuerte y un historial de buen trabajo en la política municipal", dijo a Infobae Mischa Gabowitsch, historiador y sociólogo con sede en el Foro Einstein de Potsdam, Alemania.

La exclusión posibilitó que una elección menor, que en 2014 había tenido una concurrencia de apenas 20% del padrón, se transformara casi en una batalla por la democracia. La decisión fue llamativa porque el poder real de la Duma local es bastante despreciable.

"En elecciones de baja participación como estas, algunos candidatos opositores tendrían una buena oportunidad de ganar y las autoridades trataron de hacer sus propias vidas más fáciles excluyéndolos —dijo Robertson—. Esperaban que se prestara poca atención a este proceso, así que pensaron que los costos serían bajos. Pero subestimaron el grado en que la oposición se había organizado en estos comicios. Sospecho que si se les ofreciera otra oportunidad, adoptarían una estrategia diferente. Ahora, por supuesto, tras la escalada de las protestas y la represión, lo que está en juego es mucho más importante que unos cuantos escaños en las legislaturas de Moscú y de otras ciudades".

Un modelo sin lugar para oposiciones

"El sistema Putin ha sido llamado 'democracia dirigida' por algunos de sus arquitectos —dijo Gabowitsch—. Acepta la existencia de grupos de interés rivales dentro del aparato estatal, pero uno de sus principios es que el conflicto entre grupos debe ser manejable. Esto significa que cualquier desafiante externo representa una amenaza, por lo que son cooptados o aplastados. El temor es que una oposición incontrolada lleve al tipo de caos que se asocia con la era de la Perestroika y con los años 90, lo que podría conducir al debilitamiento y potencialmente incluso a la desintegración del Estado ruso. Esta es una opinión que sigue siendo compartida por partes significativas de la sociedad, aunque también hay tensiones crecientes, incluso dentro del aparato estatal".

La persecución a disidentes políticos y a periodistas críticos está muy arraigada en Rusia. Si bien con Putin estas estrategias de control social recuperaron centralidad, son prácticas que marcaron casi toda la historia política del país, desde el zarismo hasta el comunismo, con un breve impasse en los años posteriores a la disolución de la Unión Soviética.

A fines de 2017 había ciertas expectativas con la posibilidad de que hubiera una elección competitiva al año siguiente. La principal razón era la emergencia de Navalny, un dirigente que, a diferencia de muchos de los viejos opositores a Putin, ofrecía una propuesta renovada, con mucha llegada a los jóvenes.

No obstante, la Comisión Electoral Central —que como todas las instituciones clave está bajo control directo del gobierno— inhabilitó su candidatura a fines de diciembre, con el argumento de que tenía una condena por un brumoso caso de corrupción. "El proceso al que estamos invitados a formar parte no es una elección. Sólo Putin y los candidatos que él ha elegido personalmente, los que no representan ninguna amenaza, pueden participar", dijo Navalny en ese momento.

Sin ninguna alternativa significativa en condiciones de hacerle frente, Putin fue reelecto el 18 de marzo de 2018 con el 76.69% de los votos. Muy lejos, con 11.77%, quedó Pavel Grudinin, postulante del Partido Comunista, la oposición preferida por el ex agente de la KGB.

"Esta es exactamente la lógica de desarrollo de un régimen político autoritario, que con el tiempo se vuelve más rígido y menos flexible. Putin y su círculo íntimo no pueden aceptar ningún grado de competencia u oposición, ya que temen no ser capaces de controlarla si lo permiten. Entonces, utilizan una estrategia llamada preventiva, reprimiendo cualquier actividad política antes de que se convierta en peligrosa", dijo a Infobae Irina Busygina, profesora del Departamento de Ciencia Política de la Escuela de Ciencias Sociales y Estudios de Área de San Petersburgo.

Muchos dirigentes que desafiaron abiertamente al hombre fuerte de la Rusia capitalista fueron proscritos en estos años. A otros les fue peor. Boris Nemtsov, que había sido diputado de la Duma y era la principal referencia opositora antes de Navalny, murió acribillado en febrero de 2015, cuando caminaba cerca del Kremlin. Ilya Ponomarev, el único de los 445 diputados federales que votó en contra de la anexión de Crimea en 2014, fue forzado al exilio.

El principal motivo de las protestas es una profunda insatisfacción con el régimen autoritario. Este sentimiento crece en todo el país, pero es más fuerte en Moscú.

Pero todos ellos eran dirigentes que desafiaban de manera explícita al líder supremo. Lo llamativo de lo que está pasando ahora con las candidaturas vetadas es que están muy lejos de eso: apenas aspiran a ser una voz alternativa en la anodina Legislatura moscovita. Por eso, el caso revela que la política rusa se está volviendo aún menos tolerante con las disidencias, por más pequeñas que sean.

"Desafortunadamente, las autoridades rusas han perdido contacto con las realidades internas de la vida, la economía y la política en el país. Los dirigentes del Kremlin, hábiles manipuladores de las relaciones exteriores, no tienen ni idea de los sentimientos políticos de su propio pueblo, tanto en las provincias como en la capital. Las exportaciones de petróleo y gas les dan una falsa sensación de confianza, pero también enormes cantidades de dinero que corrompen a la elite. Lo vimos en Venezuela, y Moscú está repitiendo su camino. El Kremlin prefiere reprimir las manifestaciones pacíficas porque cree erróneamente que estas multitudes de estudiantes y periodistas reclaman el poder. No es así, pero la represión sin sentido los radicalizará y desempeñará el papel de profecía autocumplida", concluyó Etkind.

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